
Por: Catalina Duque Martínez
Historiadora. Corporación Cultural Marabuntas.
La Asociación Campesina de Antioquia, ACA, fue uno de los procesos que continuó el trabajo organizativo de La Asociación Nacional de Usuarios Campesinos Unidad y Reconstrucción -ANUC-UR- en Antioquia. La ACA en 1994 había iniciado su trabajo por el empoderamiento de las mujeres rurales, propuesta que fue interrumpida por la agudización de la violencia paramilitar de finales de los años 90s, lo que llevo a la asociación a centra su trabajo en Medellín atendiendo a las y los asociados desplazados que había llegado a las laderas populares de la ciudad. En el año 2005 la ACA regresa a los territorios rurales y acompaña los procesos de retorno y de restablecimiento de derechos. En el año 2008 retoma el trabajo con enfoque de género para el empoderamiento de las mujeres campesinas con el fin de superar los daños causados por el conflicto armado y generar propuestas de vida.
Introducción:
La crisis del pacto internacional del café en 1989 golpeó fuertemente al sector agrario en Colombia, sumado a ello, a comienzos de los años 90s, la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos -ANUC-UR- Antioquia se había debilitado por el asesinato y destierro de sus dirigentes, las y los miembros que continuaban en Pueblo Rico, Tarso y Angelópolis ante la persecución paramilitar y estigmatización decidieron crear una nueva organización para continuar el proceso campesino y responder a la crisis generada por las políticas económicas neoliberales.
Es así como ANUC-UR -línea Sincelejo- apoyó a las y los campesinos de Antioquia para que conformarán comités veredales, municipales y una asamblea regional, en esta última en el año de 1994 se decidió conformar la Asociación Campesina de Antioquia -ACA- que comenzó su trabajo en San Roque, Girardota, Pueblo Rico, Angelópolis, Amaga, Barbosa, Salgar y Copacabana. En este mismo año, dando continuidad al trabajo por la emancipación de las mujeres campesinas, la asociación desarrolló el programa de ANUC-UR, Mujer y Familia entre 1994 y 1996 para la inclusión de las mujeres rurales en proyectos productivos, de recuperación de la tierra y fortalecimiento político con el acompañamiento de Gilma Benítez Benavidez.
Luego llegan a la organización mujeres como Cenelia Serna, Deyanira Saldarriaga y Margarita Cano lideresas que marcan la historia de la asociación y cumplen un papel protagónico en la dignificación de las comunidades campesinas y el trabajo con las mujeres. Con la agudización de la violencia paramilitar en 1996 el proceso territorial se fractura y la asociación centra su trabajo en la ciudad con el acompañamiento de las y los asociados desplazados que llegaron a los asentamientos urbanos en la Cruz, la Honda y Bello Oriente en la comuna Nororiental, el Pinal de la comuna 8 y Picachito y Vallejuelos en la zona Noroccidental.
En el año 2005 la organización retoma su trabajo en los municipios e inicia una propuesta de retorno con dignidad y garantías para las comunidades desplazadas. Desde el año de 1994 la asociación había desarrollando propuestas con un enfoque de género para la inclusión de las mujeres rurales en proyectos productivos y de la recuperación de la tierra, en este caminar las mujeres han desarrollado diversas iniciativas, programas y proyectos con la intención de permanecer en el campo, pero también evidenciar las diversas problemáticas de las mujeres en el entorno rural para generar alternativas y propuestas de vida.
Entre las propuestas se destacaron las narrativas por medio del tejido social realizado por las campesinas de San Francisco, estos tejidos han aportado a la superación del conflicto armado, el resultado fueron catorce obras de memoria. En el municipio de Argelia la asociación desarrolló un proceso educativo y de investigación para la recuperación de los saberes alrededor de los alimentos, y en otros lugares las y los jóvenes se han apropiado de herramientas comunicativas como el audiovisual para retratar la labor de las mujeres campesinas, también la asociación había participado de articulaciones nacionales y escuelas políticas para las mujeres campesinas, estas propuestas entre otras, permitieron hacer una reflexión sobre el enfoque de género y el papel de las mujeres campesinas en la asociación y sus territorios.
Los testimonios de las mujeres participantes del proceso organizativo Cenelia Serna, Deyanira Saldarriaga, Margarita Cano, Estella Cifuentes, Beatriz Elena Arias y Heyzer Odina García, son la voz más relevante de este trabajo que ha permitido hilar y conectar las propuestas con enfoque de género en la construcción de un feminismo popular campesino, los retos, los retrocesos, las dificultades y la necesidad de continuar un trabajo desde, con y para las mujeres por el empoderamiento y la erradicación de la dominación patriarcal.
Los artículos académicos de profesora Beatriz Arias dan cuenta de un proceso sanación colectiva de las secuelas del conflicto para continuar tejiendo vida digna en el territorio. Los informes y sistematizaciones han sido la manera de hilar una historia continua del proceso de las mujeres ACA. Es evidente el papel que juegan las mujeres campesinas en las propuestas productivas, pero también devela los retos de las problemáticas asociadas al patriarcado por superar. Como antecedentes importantes de las luchas de las mujeres campesinas en Antioquia en el manifiesto del Primer Encuentro de Mujeres Campesinas de Antioquia en 1979, documento que reposa en el archivo Vamos Mujer Laboratorio de Fuentes Históricas de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas de la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín.
La conformación de la Asociación Campesina de Antioquia
A comienzos de los años 90s la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos -ANUC-UR- Antioquia, se había debilitado por el asesinato y destierro de sus dirigentes, las y los miembros que continuaban en Pueblorrico, Tarso y Angelópolis ante la persecución paramilitar, decidieron crear una nueva organización, la Asociación Campesina de Antioquia. En los primeros años la asociación trabajo en San Roque, Girardota, Pueblorrico, Angelópolis, Amaga, Barbosa, Salgar y Copacabana. Era un momento donde era importante mantener la organización campesina para contender la crisis generada por la caída del Pacto Internacional del Café que desde 1989 estaba golpeando fuertemente al sector agrario en Colombia.
ANUC-UR -línea Sincelejo- estaba apoyando a las y los campesinos de Antioquia para que conformaran comités veredales, municipales y una asamblea regional, en esta asamblea se estructuró la Asociación Campesina de Antioquia -ACA- en el año de 1994 en un contexto donde era necesario organizarse para responder a las políticas económicas neoliberales que estaban afectando la producción en los campos colombianos y ante la persecución y violencia contra los dirigentes campesinos. El trabajo de la asociación se focalizó en la capacitación técnica agrícola y la formación política, pero también, en hacer una revisión de la Ley 135 de 1961 llamada reforma social agraria que surgió bajo el gobierno de Alberto Lleras Camargo . Aunque la ley generaba ciertas garantías para los campesinos, la asociación fue crítica en identificar que esta, solo era un paliativo al problema histórico de la tierra en Colombia y no una real reforma agraria que permitiera salida a la crisis que venía padeciendo el campo colombiano.

La ley pretendía reformar la estructura de la tierra, y fomentar la explotación, pero también fue un mecanismo para contener la oleada revolucionaria Latinoamérica que desde principios del siglo XX proclamaba “La Tierra es para quien la trabaja”. Entre 1989 y 1995 la agitación política del movimiento campesino logró la toma de tierras en el suroeste, en el municipio de Angelópolis las y los campesinos habían ocupado tierras y se estaba llevando un proceso compra en otros municipios por medio del INCORA, la asociación desarrollo iniciativas de producción en Heliconia, San Roque, Pueblorrico, Tarso, Jericó, Angelópolis, Copacabana y Girardota. Acciones con las que ganó reconocimiento en Antioquia.
A mediados de los años 90s la fuerte arremetida paramilitar trajo consigo el asesinato selectivo de las y los dirigentes campesinos, la espiral de la violencia regresa con una nueva etapa despojo y destierro forzado de muchos de las y los afiliados de la asociación. En 1997 ACA estaba comenzando un proceso en Barbosa con las y los campesinos del trapiche comunitario de la vereda el Volantín, proceso que se vio fracturado por el asesinato de una lideresa, Balvanera Agudelo, y la posterior masacre de sus familiares, para este año Medellín recibe a más de 15.000 desplazados, alcanzando la mayor cifra en 2001 con 41.636 personas como consecuencia de la llamada “guerra sucia”, años en que arreció la violencia hacia integrantes de organizaciones de derechos humanos, la ciudad presenció un éxodo masivo de campesinos desplazados hacia las laderas populares de la ciudad.
Este año la asociación suspendió el trabajo rural porque no había las condiciones de seguridad a causa de las desapariciones forzadas, masacres y amenazas. La asociación enfocó su trabajo al acompañamiento de las comunidades desplazadas y que hacían parte de la asociación en los lugares de asentamiento urbano, la magnitud de los desterrados fue exorbitante, en 1996 los desplazados para visibilizar la situación se tomaron las instalaciones de la universidad de Antioquia. En las laderas de la ciudad surgieron nuevas invasiones, catalogadas por la administración de Medellín como “barrios subnormales”, entre ellos se encuentran la Cruz, la Honda y Bello Oriente en la comuna Nororiental, en El Pinal de la comuna 8 y Picachito y Vallejuelos en la zona Noroccidental, en ese momento surgieron algunas organizaciones de desplazados como la Asociación Nacional de Ayudas Solidarias -ANDAS-, con mucha desterrados de Urabá, de las mayores zonas de Antioquia atropelladas por el conflicto armado y la Fundación de Educación y desarrollo -FEDES-, también los desplazados tuvieron el apoyo de la Pastoral Social.
Con monseñor Darío Monsalve se comenzó el acompañamiento a los desplazados en las laderas de Medellín en Pinal, Picachito, Olaya, Vallejuelos y se compraron predios en Bello Oriente, este último fue el primer asentamiento urbano para población desplazada legal en Medellín, los recursos se lograron con aportes de la pastoral social y la gestión realizada por ACA con la agencia inglesa OXFAM, con ese dinero se compraron lotes del barrio que hoy es Bello Oriente y la Honda, allí se reubicaron a gran cantidad de familias.

La asociación contribuyó al movimiento social de desplazados y facilitó la interlocución con el gobierno a través del primer comité municipal de desplazados que movilizó la promulgación de ley 387 de 1997 que incentivó la organización de la población desplazada. Colombia se había convertido en el lugar donde más se violaban los derechos humanos. La guerra no paraba, la zozobra continuaba con el nombre de la Seguridad Democrática, la ACA comenzó un acercamiento hacia algunos de los municipios del oriente antioqueño que en aquel momento se encontraban en disputas todos los actores armados.
Entre 1997 y 2007 el Oriente antioqueño se había convertido en epicentro del conflicto armado en el departamento de Antioquia. La confrontación se intensificó con el reclutamiento forzado, las desapariciones y las violaciones a los derechos humanos bajo las operaciones militares Marcial y Meteoro entre los años 2005 y 2007. En mayo de 2008 después de la entrega de Karina del frente 47 de las FARC que comandaba desde la zona páramo Sonsón-Argelia-Nariño y Abejorral, en vez de menguar el conflicto, aumento con las operaciones militares que dificultaba la movilidad entre veredas, sobre todo las más lejanas. Las operaciones conjuntas entre reinsertados de la insurgencia y fuerza pública generaron amenazas y ejecuciones extrajudiciales.
La subregión páramo y el altiplano con la zona de bosques y de embalses fueron las zonas más afectadas por el conflicto en el oriente antioqueño, aun así, la asociación comenzó su trabajo allí en compañía de campesinos de la zona. En el año 2003 en municipios como San Francisco, la población disminuyó a la mitad, de sus 41 veredas 14 quedaron totalmente deshabitadas por tener minas antipersona y armas trampa. En Argelia el Frente 47 de las FARC-EP controló el casco urbano entre 1999 y 2002 y entre 1995 y 2007 fueron desplazadas de Argelia 22.081 personas, siendo el 2002 el año con el mayor número de personas desplazadas para un total de 6.893 según el registro único de víctimas RUV”.
En el año 2005 la asociación emprende un proceso de reflexión interna “Proceso de fortalecimiento Institucional” para trazar nuevas metas a corto y largo plazo, pero también para hacer una lectura del momento histórico y de las capacidades de transformación social y política para retomar el trabajo en los municipios, comienza su trabajo rural en el municipio de san Vicente Ferrer e inicia una propuesta de retorno con dignidad y garantías para las comunidades desplazadas. En el año 2006 regresa al municipio de San Francisco, en 2008 a Frontino y Argelia, en 2011 a Cocorná y luego al municipio de Betulia; en los últimos años la asociación ha emprendido un trabajo en el municipio de Sonsón. El trabajo de acompañamiento de la asociación a las comunidades campesinas, permitió establecer lazos de confianza y empatía para retornar al territorio.
Las luchas de las mujeres campesinas en Antioquia
Con la convulsión política de los años 70s el feminismo liberal juego un papel importante para incluir a la mujer como nueva sujeta política en el cambio social. Aparecen organizaciones como la Unión de ciudadanas y la Unión de mujeres demócratas UMD, organizaciones que permitieron la articulación entre mujeres y movimientos políticos. La UMD especialmente apoyaba las movilizaciones campesinas y sirvió de nexo político entre el Partido Comunista y las mujeres. Por otro lado, estaba el discurso del desarrollo que en aquel momento se preocupó por vincular a las mujeres al desarrollo rural, la penetración de capital en el agro veía en la mujer otra mano de obra debía ser insertada en sector moderno de producción, en algunos casos como una asalariada temporal. La urgencia en la activación de la producción agropecuaria y el papel de la mujer rural en la oferta de alimento llevaron al gobierno a diseñar políticas para las mujeres campesinas.
“La mujer se había vinculado de manera significativa a la actividad productiva en el contexto de “un deterioro de la actividad agrícola, la cual registra una preocupante reducción en la oferta de alimentos y materias primas tanto en la agricultura moderna como en la tradicional”. Lo hace también durante el período en el cual se evidencia una creciente concentración de la tierra y un empobrecimiento significativo de las condiciones de vida en el sector rural”. Naciones Unidas, Serie Mujer.
En julio de 1979 en la Estrella se realizó el Primer Encuentro de Mujeres Campesinas de Antioquia, donde se expone varios problemas que deben afrontar las mujeres campesinas al no poseer la tierra junto a sus esposos y la falta de medios para trabajarla, al igual que la falta de “libertad para organizarse, expresarse, reunirse, movilizarse y participar en los asuntos nacionales”. Las mujeres campesinas, trabajaban duras jornadas, hasta de 16 horas al día en las parcelas, en el cuidado del hogar y de su familia, haciendo los alimentos, cargando el agua y leña hasta sus hogares, entre otras labores, cosa que aún persiste; a otras mujeres les tocaba jornalear en las fincas de algún terrateniente con sueldos muy bajos, malos tratos y abusos; con respecto a la educación, las mujeres nombran la falta de acceso ya que los padres consideraban que “el estudio que se les daba a las mujeres era perdido.”
En este encuentro se evidencia la necesidad de las mujeres campesinas organizadas en participar activamente del movimiento campesino, el encuentro pretendía impulsar la organización y participación de las mujeres en la organización campesina general y la creación de comités femeninos vinculados a la ANUC, buscando una organización femenina gremial.
Las mujeres de la Asociación Campesina de Antioquia
Desde el año de 1994 la Asociación Campesina de Antioquia, ACA, había emprendido propuestas con un enfoque de género para la inclusión de las mujeres rurales en proyectos productivos y de recuperación de la tierra, en este caminar las mujeres desarrollaron diversas iniciativas, programas y proyectos con la intención de permanecer en el campo, pero también, evidenciar las diversas problemáticas del entorno rural para generar alternativas y propuestas de vida. El proceso de mujeres ACA comienza con el programa Mujer y Familia ANUC-UR entre 1994 y 1996 con el acompañamiento de Gilma Benítez Benavidez, propuesta que impulsó colectivos de mujeres por vereda y fortalecimiento de las propuestas productivas. Desde este momento cobra importancia las conmemoraciones del 8 de marzo y el 25 de noviembre con eventos en Girardota, Copacabana, Angelópolis, Pueblorrico, Amaga, Salgar y Barbosa.
Entre las fundadoras ACA se encuentran Cenelia Serna de Pueblorrico, Antioquia, ella comenzó su trabajo comunitario vinculada a la acción comunal y desde la secundaria se había interesado por el problema de tierras. En ese momento la gente de Pueblorrico estaba interesada por el proceso de toma de tierras en Tarso. Cenelia se integró al comité campesino de Pueblorrico y participó de los talleres y conversatorios que dictaron en Medellín sobre libre comercio, tema de tierras y apertura económica. En 1994 se radica en Medellín para estudiar y se incorpora al equipo ACA, participa de los talleres de modistería dictados por Deyanira Saldarriaga, que terminaron siendo talleres sobre los derechos de las mujeres. En estos talleres estuvieron también Ermilda Araque de Salgar y Margarita Cano lideresa de la Umata, hizo parte de la toma de tierras en el suroeste.
ACA retoma el proceso de ANUC-UR en Antioquia. En 1995 la asociación estaba fortalecida y se tenía acuerdos con algunos alcaldes sobre el tema de tierras, ACA logró la negociación de tierras baldías con el INCORA entre Pueblorrico y Tarso. Este mismo año, 1995, Cenelia es elegida en asamblea como representante legal y presidenta de ACA, se decreta el Paro Nacional Agrario a causa de las difíciles condiciones en la se encontraba el sector campesino por la crisis cafetera, ACA participa activamente en la toma por dos meses del parque Manuel Murillo Toro en Ibagué, junto con otras organizaciones campesinas y cafeteras del Tolima y Huila, al regreso, sigue una oleada de violencia paramilitar muy fuerte y asesinan a varios compañeros que habían participado del paro. En febrero de 1997 a Cenelia le toca salir de Antioquia por temas de seguridad y se integra al equipo ANUC-UR nacional, en las reuniones preparatorias del Paro Nacional Agrario nació el coordinador Nacional Agrario, CNA. Las capacitaciones sobre el tema de género continuaron ligadas a la participación de los espacios nacionales.
“Cuando ACA salía a los espacios de formación en liderazgos campesinos y se tocaba el tema de mujeres, las mujeres se quedaban solas, eso les trajo problemas y dificultades cuando salían a sus casas a querer plantear los que se trataba en los talleres, muchas mujeres fueron golpeadas, otras que no pudieron regresar a los procesos amenazadas por sus compañeros”. Cenelia Serna (presidenta ACA 1995 a 1997).
Las mujeres del proceso nacional comenzaron a identificar las dificultades de tocar temas antipatriarcales en los hogares, algunas no volvieron, los grupos de mujeres se había reducido, en ese momento Cenelia, Gilma Benítez y otras compañeras comprendieron dos cosas, la primera, “que había espacios que eran propios de las mujeres y que tenían que estar solo las mujeres, y la segunda, que el trabajo con mujeres también había que tocarlo con los hombres” desde ese momento plantearon la realización de convivencias familiares y allí introducir el tema en los talleres de liderazgo campesino y poder popular, hablar de los temas de mujeres con la familia y recuperar el trabajo con algunas que se había ido. Esto con el fin de volver a ganar la confianza entre los hombres para que las mujeres pudieran participar de estos espacios.

Compartimos esta memoria audiovisual con el testimonio de Gilma Benitez, donde nos habla de los tiempos de encuentros, reflexiones y luchas compartidas que dieron paso, en 1994, al nacimiento de la Asociación Campesina de Antioquia. .
Las mujeres campesinas comprendieron también que era necesario abrirse espacios para los asuntos de mujeres en las organizaciones mixtas. Gilma había hecho parte del equipo de alfabetización, ella veía en el proceso organizativo de las mujeres campesinas un pilar fundamental para la producción agrícola familiar y el tejido social en el campo, trabajó por el reconocimiento de la mujer como sujeta de derechos, lideró a Marcha de Mujeres Campesinas y la Coordinación Nacional Campesina. En 1998 al 2000 Deyanira que era de Girardota, trabajo con el grupo de mujeres ACA y gestó un proyecto económico para confeccionistas en Barbosa, apoyo la finca panelera de recuperada por 12 o 13 familias por medio del INCORA, a este grupo pertenecía Balvanera Agudelo, asesinada en 1998.
Cuenta Deyanira que una tarde se encontraban en un taller y Balvanera expresó que debía salir a las 5:00 pm para coger la chiva de las 6:00 pm, ya que al día siguiente debía repartir la panela, esa tarde la bajaron de la chiva y la asesinaron los paramilitares, algunas personas de la asociación querían acompañar a la familia en las novenas, pero a los 8 días asesinaron a su papá y un hermano Ricardo, los medios de comunicación informaron allí “nunca antes se había registrado un hecho de estas características ni habían sido amenazados”, pero la comunidad sabía que era persecución por la toma de la tierra en el Volantín. Deyanira cuenta que ellos fueron decapitados y paramilitares jugaron fútbol con sus cabezas hasta las 3:00 am. Después de este suceso Deyanira se fue también por el terror que se estaba viviendo. En este momento se agudizó el conflicto y ACA decide congelar el proceso en los territorios.
Otra lideresa importante que se formó con el proceso ACA fue Margarita Cano, ella lideró el proceso de la toma de tierras de la finca la Mica, lote comunitario adjudicado por el INCORA en 1994 en los límites de Heliconia y Angelópolis, ella llegó allí después de separarse de su esposo con sus 4 hijos, su familia que venía de Betulia llegó a la Mica a ocupar la tierra, por su actitud activa, rápidamente se convirtió en líder del proceso. En 1997 la comunidad la eligió como líder principal, no presidenta, ella prefería la figura de líder principal, también hacia parte de la Umata. La Asociación llego allí por medio de Humberto Londoño y Gilma Benítez que llevaron a la comunidad la capacitación en el cultivo de pescado, control de la broca y alfabetización, ese trabajo duró un año y comenzó a llegar gente de otras veredas lejanas como la Arenera del sector Patio Bonito.
Margarita fue víctima de un primer desplazamiento por amenazas, pero después de unos meses y motivación de un familiar regreso, solo duró una semana, esto fue en 1999 cuando una mañana aterrizó en la comunidad un helicóptero con paramilitares que de inmediato aterrorizaron la población y les dieron 6 horas para salir de la Mica. Cuenta Margarita que ese día mataron a dos jóvenes hermanos trabajadores que no tenían problemas con nadie, los asesinaron para implantar miedo, toda la comunidad se dirigió a la finca la Susana, allí esperaron por una noche la volqueta del municipio que los llevó al colegio a Angelópolis donde estuvieron por 20 días, sobreviviendo con lo poco que pudieron sacar de la finca y una pequeña ayuda económica del municipio. Margarita gestionó con el alcalde el préstamo de la volqueta para llevar personas a Medellín, ella se quedó allí hasta que se resolvió la situación de toda la gente y saliera la última persona.
Llegó a Medellín a la casa campesina en Prado Centro y luego se fue para donde un familiar en Santo Domingo. Después consiguió una casa en alquiler y no pudo pagar el arriendo, la sacaron “los muchachos del barrio”, se quedó en la calle con sus hijos, fue cuando le dijeron que en la ladera de Manrique estaban gente ocupando tierra, subió sola y miro si se podía meter también, solo había 7 familias de Urrao en un helechal. Ella habló con las familias y les preguntó si tenían algún líder, les respondieron que los había llevado la pastoral social, consiguió plásticos y madera para parar un rancho.
“Era la mitad del año 1999, los policías del parque Gaitán llegaron y nos tiraron todo al piso, la gente estaba llorando y yo les dije: quédense tranquilos que en la noche volvemos a parar los ranchos. La gente se animó y volvieron armar, al otro día subió el inspector de policía diciendo que teníamos que salir de allí, que es tierra era de una persona muy rica y yo le respondí, que entonces mejor que es rico, porque no tiene necesidad, nosotros no tenemos para donde irnos”. Margarita Cano (Lideró el proceso de la toma de tierras de la finca la Mica entre los límites de Heliconia y Angelópolis en 1994. Desplazada, lideró el Movimiento social de Desplazados Movimiento Social de Medellín -MOSDA- y fue fundadora del barrio la Cruz y la Honda).
En el momento que había 17 familias habitando la Cruz, llegó Huberto de ACA a conversar con aquella gente sobre la intención de la asociación y la pastoral social de comprar conjuntamente un terreno, lugar donde hoy está ubicado el barrio Bello Oriente. En la Cruz se construyeron casitas y se enumeraron los lotes 1 (donde estaban las busetas), lote 2 (donde vivía la gente), lote 3 (proyectaron un colegio) y el lote 4 (sector que limita con Villa Hermosa). La gente misma por medio de convites los sábados y domingos abrieron trochas para construir las vías principales. Margarita en el año 2000 conformó un grupo de 20 mujeres en el sector 4 de la Cruz y construyeron la parcela de las “mujeres sin tierra” proyecto apoyado por la Fundación Tierra de Hombres Alemania para la siembra de hortalizas con el fin de mejorar las condiciones de vida de las y los habitantes del barrio.
Por esas fechas había varios procesos de ocupación de fábricas en Medellín e Itagüí, entre ellos que se encontraba Kintes. Margarita iba los sábados a capacitaciones para aprender sobre el manejo de gallinas, conejos y sobre el lombricompost, se capacitó allí con el movimiento sindical en el la gestión de una empresa comunitaria. El proyecto en la Cruz llegó a tener conejos, pollos de engorde, gallinas ponedoras, el grupo se amplió a la participación masculina y llegaron 10 hombre a capacitarse y montar una panadería, con el proyecto de Tierra de Hombres se compró la maquinaria.
La gente que llegaba desplazada le daba miedo decir que eran líderes, se daba cuenta de ello luego por el trabajo comunitario. Cuando todo estaba funcionando comenzaron los problemas y Margarita fue amenazada por las milicias, le pidieron cuentas de todo, le decían que de donde estaba sacando el dinero, a la gente le dio miedo, se fueron retirando del proceso y decayó la propuesta, ella se enfermó y se fue para el sector 2. Margarita lideró también el Movimiento Social de Desplazados de Antioquia -MOSDA-, con el problema en la Cruz y por el trabajo que venía haciendo fue estigmatizada y encarcelada por una semana, derechos humanos la apoyó y salió, le tocó salir forzadamente de la Cruz.
Luego ACA compró otro terreno para 25 viviendas cerca al en el sector 4 de la Cruz lo que hoy es el barrio La Honda. En 2004 siete familias retornaron a la Mica, ella intentó retornar, pero no se lo permitieron, cuando llegó a Angelópolis le dijeron que tenía que irse. Así termina una difícil fase del proceso de la Asociación campesina de Antioquia.
El retorno a los territorios
En 2007 la asociación se acercó al proceso Jóvenes Unidos Construyendo Futuro (JUCEF) de Argelia. En 2008 la asociación emprende un proyecto con jóvenes rurales para el Fortalecimiento de una Red de Jóvenes Campesinos para el Desarrollo apoyado desde Fundación Manos Unidas para potenciar la identidad campesina de los jóvenes rurales, su arraigo a la tierra y el fortalecimiento de los procesos organizativos y productivos, en el proyecto confluyeron jóvenes rurales, líderes o representantes de los grupos de las veredas La Plata, San Luis, El Oro, Zancudo, Rancho Largo, San Agustín, el Rosario y del casco urbano, proyecto que perdura hasta el año 2011.
La asociación en el año 2008 retoma los trabajos con enfoque de género. En 2009 y 2010 entra en ejecución el proyecto apoyado por Paz con Dignidad para el desarrollo y fortalecimiento organizativo con mujeres campesinas en riesgo de desplazamiento en el oriente de Antioquia en los municipios de Argelia y Cocorná. Con este programa y en convenio con la Corporación AVRE; se lleva a cabo un acompañamiento psicosocial a mujeres víctimas de la violencia socio-políticas especialmente a mujeres cabeza de hogar que llegaron a ser un 60% de las víctimas. Por otro lado, el proyecto propició la reflexión sobre la importancia del liderazgo femenino, capacitaciones en derechos humanos, identidad femenina, organización comunitaria, entre otros temas.
Las mujeres campesinas estaban asumiendo roles comunitarios de importancia, en Cocorná María Celeni Toro asumió la presidencia de la junta de acción comunal, Andrea Gonzales asumió el cargo de promotora campesina en la producción agrícola, Ofelia Gonzales coordinó el centro de Acopio zonal y se comenzó a abonar el escenario de incidencia política para la inclusión de la mujer dentro del plan de desarrollo, especialmente en el tema de proyectos productivos ya que hasta el momento las ayudas estatales y los créditos bancarios excluían a las mujeres por no poseemos la tierra, por lo que no contaban con un respaldo para el endeudamiento, cosa que continuaba una dependencia hacia los hombres.
Con el proyecto se crearon 3 unidades productivas familiares en el municipio de Cocorná y 7 en Argelia cada una con un huerto ecológico, un sistema de forrajeras, un microvivero, una porqueriza, un galpón para pollos y un estanque piscícola, 50 mujeres participaron del proceso de identificación y siembra de las plantas forrajeras y semillas nativas de frijol entre ellas el frijol mortiño, frijol permamento y el fríjol petaco, también alverja, habichuela y tomate orgánico, se destinaron sectores de las huertas para la propagación de plantas aromáticas y medicinales. Se realizó el primer encuentro de mujeres campesinas con el fin de construir y consolidar una Red Organizativa y Productiva de Mujeres Rurales en Argelia y Cocorná en el Oriente antioqueño.

Las mujeres realizadores audiovisuales.
Entre 2008 y 2010 surgen procesos creativos y propuestas audiovisuales con mujeres desde el área de comunicaciones de la Asociación (El Retorno) para retratar la vida cotidiana de las mujeres campesinas en las zonas de conflicto. Entre las producciones se destaca Retrato de una mujer campesina, sobre las labores cotidianas de la señora Belén de la vereda El Oro, municipio de Argelia de María en el oriente antioqueño, realizado también por mujeres del proceso ACA, María Raquel Soto y Luz Dary Quintero, algunas de las mujeres del proceso se capacitaron en la producción audiovisual para darle un lugar de importancia a las mujeres campesinas en los materiales audiovisuales.

Producciones El Retorno realiza creaciones audiovisuales colectivas con Mujeres campesinas, entre ellas Memoria y Territorio y Cuidar la vida, voces y sueños de mujeres campesinas. En el 2016 surge la propuesta Paz-arte al campo en Argelia, San Francisco, Betulia, Frontino, respondiendo a la pregunta ¿qué es la paz para las mujeres en el marco de los acuerdos de paz? Entre el 2017 y 2018 se realizaron grabaciones de las recetas de las comidas tradicionales. En el 2020 surgen los conversatorios mujer, cine y memoria y de la campaña en pandemia “quédate en el territorio”. Entre otras tantas propuestas audiovisuales campesinas.
El proceso de las mujeres ACA en articulación con CNA y otros procesos nacionales
Como se nombró al inicio ACA fue fundadora de CNA y desde allí, continuó tejiendo propuestas nacionales para el empoderamiento de las mujeres Rurales en Colombia. En 2008 en el marco de la tercera asamblea CNA se plantea como eje transversal dentro de su plataforma política el fortalecimiento y empoderamiento de las mujeres campesinas, negras e indígenas. En el año 2012 en el municipio de Cajibío del departamento del Cauca, se encontraron delegadas de los procesos organizativos en el “Primer Encuentro Nacional de Mujeres del CNA”, para construir una propuesta política común de las mujeres campesinas, negras e indígenas con el fin de continuar fortaleciendo el proceso de mujeres CNA. A partir de la Cuarta Asamblea CNA en municipio de San Lorenzo, Nariño, el 22 de noviembre de 2013, se ratificó el compromiso en CNA de consolidar y dinamizar el eje de trabajo con mujeres para la defensa y exigibilidad de derechos empoderando las organizaciones y procesos de las mujeres, entendiendo este trabajo no como transversal, sino como una línea estratégica en el CNA, donde surge la secretaria de mujeres CNA y Estella Cifuentes formadora ACA pasa a coordinar este espacio.
En la quinta asamblea CNA en 2016 con la participación de aproximadamente 100 mujeres de los procesos del nororiente y centro oriente del país, Chocó, Sur de Bolívar, Tolima, Nariño, Cauca, Antioquia, Quindío, Risaralda y Valle del Cauca se realizó la primera asamblea de mujeres CNA donde se expresó el rechazo a las distintas formas de violencia originadas por el actual sistema económico y político mundial y la necesaria construcción de paz y los derechos ambientales, pero también impulsar el proceso de mujeres resaltando la necesidad de una igualdad real en la participación política de las mujeres y de proceso formativo y político al interior del CNA. Entre 2014 y 2017 ACA hizo parte del equipo metodológico de las Escuela de Formación Política e Ideológica para Mujeres Campesinas, Negras e Indígenas del Coordinador Nacional Agrario CNA. En el primer informe de la escuela se evidencia la apertura del debate sobre las violencias hacia las mujeres y comienza a perfilar una propuesta desde el feminismo campesino y popular.
“La violación de todos los derechos no solo por parte del Estado, sino también de las formas culturales de interrelación entre hombres y mujeres. Las mujeres campesinas, indígenas y afrodescendientes han sido y siguen siendo víctimas de todas las formas de violencias basadas en género, muchas de esas formas son asumidas desde la cotidianidad llevándolas a aceptar como conductas “normales” en el contexto social, comunitario y social desde lo local, municipal, regional y nacional”. Fundesuma, Escuela de formación política e ideológica para mujeres campesinas, negras e indígenas del Coordinador Nacional Agrario – CNA, (Pasto: CNA, 2016)
La asociación logra una articulación entre la secretaría de Mujeres del CNA y la Universidad de Antioquia llamada Mujeres Tejiendo Poder para fortalecer el proceso de investigación sobre memoria y salud mental, pero también para vincular los procesos que estaban adelantando las mujeres campesinas de la asociación donde se reafirmó la necesidad de continuar la lucha por derechos de las mujeres y las economías propias. En el año 2018 se abrió el debate para cuestionar las relaciones patriarcales y los roles de género al interior de las organizaciones CNA, se evidenció el problema de las Violencias Basadas en Género asunto que generó ruptura al interior del proceso coordinador.

En 2019 la asociación como coparte de Desarrollo y Paz en Colombia a nivel nacional se articula a la red Tejedoras del Pensamiento en el Territorio, una confluencia nacional por los derechos de las mujeres y la incidencia desde la visión de cuidado de las mujeres en los planes de desarrollo. Articulación que para el 2021 toma el nombre de Tejedoras del Pensamiento por la Gobernanza Ambiental y Territorial. Las mujeres de la asociación se articulan en un primero momento con la experiencia de Tejido, Memoria y Territorio y con diálogos sobre la lucha histórica de las mujeres contra la propiedad privada, por el derecho a la tierra, por la defensa del territorio, por la reforma agraria popular integral, contra las transnacionales, los agronegocios, los transgénicos y todas las formas de explotación de los seres humanos y la naturaleza.
En un segundo momento la asociación participa en la articulación con la realización del diagnóstico socioambiental con enfoque de género sobre los impactos que generaría en el territorio, en la comunidad y en las mujeres la construcción de las Pequeñas Centrales Hidroeléctricas -PCH- en el río la Paloma perteneciente al municipio de Argelia. Paralelo a estas apuestas las mujeres ACA han caminado propuestas que las han fortalecido como proceso para dar una mirada, una voz y un camino de lucha para continuar dignificando la vida en los territorios.

Narraciones en hilo y aguja, la academia y el fortalecimiento del proceso de mujeres ACA.
En el año 2009 llega Beatriz Arias a la asociación como académica para desarrollar su trabajo de doctorado en salud mental comunitaria. A ella le interesaba el tema de la salud mental en el marco del conflicto armado prolongado, los trabajos en este campo se estaban preguntado por el estrés post traumático, pero a Beatriz le interesaban poner la discusión en dos asuntos, el primero, indagar sobre el concepto de enfermedad que surge en los contextos de guerra asociado a la salud mental y el segundo, la categoría de víctima que, a pesar de ser de orden jurídico, también tiene implicaciones sociales importantes. Ella pensó que la mejor forma de hacer su trabajo era vincularse con una organización que tuviera trabajo territorial, su intención era aportar con su pregunta de investigación a procesos que pudieran darle continuidad al tema en el tiempo y no quedara como una investigación más, buscando propuestas y experiencias llegó a la ACA e inicio su investigación en el municipio de san Francisco.
Después de un año y medio de trabajo investigativo y gracias a la experiencia que había conocido en Chile de las mujeres Arpilleras, la profesora Beatriz llevó a la idea de hacer narraciones a través de hilo y aguja sobre el conflicto, se lo propuso a la ACA y las mujeres de San Francisco; en el año 2011 se publica el trabajo bajo el nombre Violencia, Resistencia y Subjetividad: destejer y tejer la salud mental; estudio de caso, municipio de San Francisco, Oriente Antioqueño, Colombia, donde se evidenciaron los efectos de la violencia política y el conflicto armado en la salud mental de la población civil para comprender la sobrevivencia de las comunidades que estaban inmersas en contextos de violencia prolongada. Paralelamente surge en el año 2012 grupo de mujeres del Pajuí para compartir sus saberes en las labores del campo y se realiza el primer campamento de mujeres en Pailania.
Entre 2010 y 2012 se conforma el colectivo Lo que cuentan los retazos de San Francisco, una de las primeras experiencias de narrativa textil que construyó relatos de verdad sobre lo que había sucedido con el conflicto armado. El tejido se convirtió en una forma de tramitar el dolor, plasmar las resistencias, dar una versión de lo ocurrido desde las víctimas para resignificar y reconstruir las historias personales y colectivas como expresión política que fortaleció a las y los participantes como de sujetos de derechos. El costurero se fortaleció con la realización 16 talleres comunitarios en los que participaron campesinos y campesinas de las veredas San Isidro, La Esperanza, El Pajuí y el sector Jardín Matecaña de San Francisco, el producto final lo compuso un metarrelato textil de 14 piezas titulado Tejiendo Memoria(s) de Resistencia(s), este trabajo de creación artística e investigación articulo las apuestas organizativas y comunitarias de la Asociación Campesina de Antioquia ACA, las Juntas de Acción Comunal de las veredas y la Universidad de Antioquia.
Concluye Beatriz que, con la pregunta sobre la salud mental en San Francisco, aparece la necesidad de la soberanía campesina, en aquel momento se estaban dando varios procesos de retorno en las veredas que habían sido desplazadas en la época más dura del conflicto (2000 y 2005). El resultado de la investigación remitió al tema de la soberanía campesina y en particular a la soberanía alimentaria, el volver a sembrar y reanudar las prácticas de producción agrícola era una necesidad de las comunidades en retorno. La siembra estaba ligada a la salud mental colectiva, la investigación no estaba del lado de la enfermedad, ni de patología, ni el estrés, nada de eso, al terminar la investigación en 2012, el tema de la soberanía alimentaria cobró mucha fuerza. Entre el año 2013 y 2014 la asociación comenzó la Red Organizativa y Productiva de Mujeres Campesinas en 7 veredas de Argelia, entonces Beatriz le planteó a la universidad y a la asociación una nueva investigación allí.
Entre 2014 y 2015 se gestó el proyecto Construcción de una memoria colectiva, campesina y femenina sobre el alimento: saberes y prácticas productivas y de cuidado familiar en el municipio de Argelia. Desde el enfoque metodológico de la Investigación Acción Participación -IAP-, se conformó un equipo local de investigadoras campesinas que recuperaron la memoria colectiva de los saberes locales para el fortalecimiento de la soberanía campesina, el levantamiento del inventario de semillas criollas y nativas, el vivero comunitario y se gestaron propuestas como el festival gastronómico y la feria campesina.
La investigación que trataba el tema producción alimentaria no lo hacía desde el sentido nutricional, sino desde un sentido político de la producción alimentaria y las implicaciones que tenía este ejercicio para los que habían retornado y para los que ya estaban allí. La invitación estuvo abierta tanto para hombres como para mujeres, al final el equipo quedó conformado solo por mujeres, las chicas eran muy jóvenes, Beatriz recuerda a Luz Dey de la vereda El Silencio que en ese momento tenía 13 o 14 años de edad.
En el proceso de investigación hubo una reafirmación del papel de las mujeres en la producción de alimentos, de lo que ellas podían hacer, aprender y saber, lo que permitió recoger, documentar y sistematizar los saberes que circulaban en sus comunidades y explorar preguntas que las convirtieron en investigadoras populares rurales. En la devolución del proceso Beatriz se inquietó por algo que ocurrió, las mujeres que habían hecho un montón de cosas en Argelia cuando estaban en las reuniones y asambleas donde participan sus compañeros y parejas afectivas, las mujeres guardaban silencio y quienes hablaban eran los hombres. Surgió una nueva pregunta para comprender que pasaba,
“sí ellas habían demostrado sus aprendizajes en los espacios entre mujeres, “¿Por qué en los espacios mixtos donde están los hombres ellas ya no hablan, bajan la cabeza, casi que no miran de frente, ¿qué estaba sucediendo allí? Por qué en las organizaciones mixtas las mujeres sostienen un montón de haceres y de conocimientos, pero que cuando hay que poner la palabra pública o hacer un protagonismo realmente aparecen las palabras de los hombres, los cuerpos de los hombres y ellas están como en un segundo lugar allá detrás”. Beatriz Elena Arias, entrevista.
Al municipio de Argelia también fue llevada la propuesta del costurero en el marco del proyecto de extensión universitaria de la Universidad de Antioquia: Memoria, Tejido y Salud Mental y en el año 2014 el proceso hizo parte de las cuatro experiencias departamentales que consolidaron la Red Nacional de Tejedoras por la Memoria y la Vida, iniciativa que, a través del tejido como práctica narrativa, generó espacios de encuentro para la reconstrucción de vínculos familiares y sociales de comunidades afectadas por el conflicto armado en los municipios de Argelia, Nariño, Frontino y Medellín.
Esta iniciativa fue propuesta y desarrollada por la Facultad de Enfermería, el Instituto de Estudios Regionales INER de la Universidad de Antioquia, la Asociación Campesina de Antioquia, el Banco Universitario de Programas y Proyectos de Extensión BUPPE de la Universidad de Antioquia, el Museo Casa de la Memoria y la Alcaldía de Medellín. El Costurero Tejido, Memoria y Salud Mental de Argelia se había conformado con 20 mujeres de diferentes edades, jóvenes y adulta, de las veredas el Zancudo, el Silencio, el Fresnito y Rancho Largo, la mayoría de las participantes era pertenecientes a los procesos organizativos que impulsa la Asociación Campesina de Antioquia y la Asociación Municipal de Víctimas.
En el año 2018 se continúa con la pedagogía del tejido para posibilitar el encuentro comunitario y la construcción colectiva de las mujeres en los municipios de Argelia, Nariño, Cocorná y San Francisco, ahora con el nombre de Tejer a varias manos: pedagogía para diseñar planes de vida territorial, juntanza que por medio del hilo y la aguja crearon narrativas textiles como artefactos culturales cargados de sentido para ampliar la comprensión colectiva y el aprendizaje mutuo donde el eje central era el cuidado de la vida y del territorio.

En el año 2021 ACA participa de la investigación sobre las prácticas de cuidado y empoderamiento de las mujeres campesinas con y desde perspectiva de género en Argelia, San Francisco, Cocorná y Mutatá, experiencia que devela la gran sumisión de las mujeres campesinas en Antioquia que muy probablemente tenga impronta en el arraigo religioso. En el 2021 las mujeres ACA vinculadas a la articulación MOVETE, se movilizan ante la problemática de las PCHs y la defensa de los ríos y el agua, participan de los conversatorios y acciones por la defensa del territorio y las afectaciones de los megaproyectos.
La Casa prontoalivio
En el año 2019 el proceso de mujeres en San Francisco identificó la necesidad de tener un espacio físico para el proceso organizativo de las mujeres rurales y lograron incidir en las campañas políticas de los candidatos a la alcaldía cerrando un pacto de gobernabilidad donde los dos candidatos firmaron el compromiso de crear de un espacio físico que fuera llamado Casa de la Mujer para la aplicación de la política pública de equidad de género en San francisco.

Ganó el candidato Diego Alejandro Duque Valencia y las mujeres lograron incidir en la construcción del eje de género de manera transversal al plan de desarrollo municipal en el Consejo Territorial de Planeación -CTP-, también se puntualizó en la necesidad de proyectos productivos para mujeres campesinas y la casa de la mujer para la participación política de las mujeres.
La alcaldía desarrollo los proyectos productivos, pero no con la ACA y faltaba dar cumplimiento con la creación del espacio físico, en el año 2022 las mujeres ACA enviaron un derecho de petición exigiendo cumplimiento del acuerdo, la alcaldía responde con el otorgamiento del espacio en la figura de comodato por 5 años. El espacio fue inaugurado el 8 de marzo de 2023, las mujeres estuvieron gestionando por medio de la política pública de equidad de género del municipio recursos para su funcionamiento, la política pública existía desde el año 2016 y no se había materializado, en este año las mujeres de San Francisco comenzaron a trabajar allí con pequeño recurso.
Conclusión:
Desde la conformación de ACA las mujeres han adelantado propuestas desde, con y para las mujeres rurales. La historia de violencia política hacia el sector campesino volcó el trabajo de la asociación en atender la problemática del desplazamiento forzado y cuando regresa al trabajo territorial, nuevamente se activan las propuestas para retornar y permanecer en el campo como la soberanía alimentaria.
El trabajo con enfoque de género ha estado ligado a los espacios de articulación y participación nacional, en un primer momento con ANUC-UR, luego con CNA, Red Nacional de Tejedoras por la Memoria y la Vida y Tejedora del Pensamiento en el Territorio por la Gobernanza Ambiental y Territorial. El trabajo local y organizativo de las mujeres se ha fortalecido con las propuestas de investigación en alianza con la Universidad de Antioquia bajo las propuestas de narrativas textiles, espacios que han reconstruido el tejido social y posibilitado la reflexión, la expresión y el sanar colectivamente para trazar el camino hacia la dignificación de la vida en el territorio.
Las mujeres ACA se han reconocido como actoras de cambio desde la visión del cuidado y la conexión con la vida y la tierra, han superado los embates del conflicto armado y forjado propuesta para incidir políticamente en sus territorios. Hacer una retrospectiva de la propia historia permite valorar las luchas, comprender cómo ha caminado el proceso, las dificultades, los retos y valorar el trabajo que puntada a puntada han tejido las mujeres por valorar su lucha, una lucha que está ligada a la lucha anticapitalistas y permite abrir un horizonte para continuar un trabajo desde la autocrítica como organización mixta para darle lugar a la soberanía de las mujeres y caminar desde el enfoque de género.
Bibliografía
Archivo Digital de Textiles Testimoniales, San Francisco. Lo que cuentan los retazos, (2020), URL http://www.textilestestimoniales.org/creadores/15
Archivo Digital de Textiles Testimoniales, Argelia. Costurero Tejido, Memoria y Salud Mental, (2020) URL http://www.textilestestimoniales.org/creadores/16
Arias López, Beatriz Elena. “Saberes locales campesinos sobre el alimento: aportes a la soberanía y la salud mental comunitaria”, Revista de la Universidad Industrial de Santander. Salud Vol.48 No.2 abril – junio (2016).
Arias López, Beatriz Elena. “La potencia de la noción de resistencia para el campo de la salud mental: un estudio de caso sobre la vida campesina en el conflicto armado colombiano”, Salud colectiva Buenos Aires, No. 10 mayo – agosto, (2014).
Asociación Campesina de Antioquia, ACA, Segundo informe: Proyecto de Desarrollo y Fortalecimiento Organizativo con Mujeres Campesinas en Riesgo de Desplazamiento en el Oriente Antioqueño, (Medellín 2009, 2010).
Bermúdez Beatriz y Castañeda Germán, Video Mujeres Resistencia Territorio, (Bogotá: Realización puntocómplices: 2018) URL https://www.youtube.com/watch?v=78JlGHbXGzk&t=18s
Carlos Villamil Chaux, La Reforma Agraria del Frente Nacional, De la concentración parcelaria de Jamundí al pacto de Chicoral. (Bogotá: Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano. Facultad de Ciencias Sociales, 2015), 27, 28. URL https://www.jstor.org/stable/j.ctv23dxc1z
Chomsky, Noam. “Chomsky: Colombia tiene el peor récord de violación de DDHH desde el intervencionismo militar de Estados Unidos” Verdad Pacífico. URL https://verdadpacifico.org/chomsky-colombia-tiene-el-peor-rcord-de-violacin-de-ddhh-desde-el-intervensionismo-militar-de-estados-unidos/
Colectivo de abogados José Alvear Restrepo, Celebramos la vida de la lideresa campesina Gilma Benítez, URL https://www.colectivodeabogados.org/celebramos-la-vida-de-la-lideresa-campesina-gilma-benitez/
Fundesuma, Escuela de formación política e ideológica para mujeres campesinas, negras e indígenas del Coordinador Nacional Agrario – CNA, (Pasto: CNA, 2016).
Luna, Lola G. y Villarreal, Norma, Movimientos de mujeres y participación política en Colombia, 1930-1991 (Barcelona: Seminario Interdisciplinar Mujeres y Sociedad, 1994).
Naciones Unidas, Serie Mujer y Desarrollo Mujeres Rurales de América Latina y El Caribe: Resultados de Programas y Proyectos División de Desarrollo Social Unidad Mujer y Desarrollo, (Comisión Económica para América Latina y el Caribe, 1989), 8 URL https://repositorio.cepal.org/handle/11362/5857
“Primer Encuentro de Mujeres Campesinas de Antioquia”. CO.AUN.AHV.001.001.113.2.1, en Archivo Vamos Mujer.
Proceso escuelas de mujeres CNA, Módulo pedagógico: Economías propias y saberes ancestrales, (Medellín: CNA, 2017).
Redacción El Tiempo, “Matan a seis campesinos en Barbosa”, El Tiempo, 28 de junio 1998 https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-810812
